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Carta a un artista

Alberto Cortez

✍️ Autor: Alberto Cortez

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📤 Subido por: Cancionero Histórico

Letra

Yo te saludo hermano, desde algún escenario que tu andariega planta habrá pisado ya. Un sincero recuerdo, en un sincero abrazo, unos minutos antes de salir a cantar. Yo te debo bastante y sé bien qué te debo; quisiera devolverte siquiera la mitad. Somos tan diferentes y, sin embargo, puedo decir que somos trigo, que amasa el mismo pan. Como el hombre salimos al negro y al silencio de una sala repleta que nos viene a besar; territorio plagado de intrigas y misterios que, como los que sufren, debemos conquistar. Y Brel que se nos sube al estribo del alma, ese Brel que nos llama, ese Brel que es verdad; qué ganas tengo, hermano, de ponerme su rabia, de subirme a su barco y con él navegar. Pero hay rosas que nunca terminan de cortarse y aunque mucho lo intentes, no las puedes lograr; porque tienen espinas y temes lastimarte y entonces "son más bellas prendidas al rosal". Tú bien sabes, amigo, que no soy un conforme, pero es largo el camino y acabo de empezar. Estoy regando el árbol y he de esperar que brote para que pueda una día su sombra derramar. Y bien, querido Antonio, llegamos a la coda y aún quedan más compases que quisieran sonar, pero somos de tiempo y él impone su norma y ha llegado la hora de salir a cantar.

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Carta a un artista

Alberto Cortez

Tonalidad: No especificada | Ritmo: No especificado | Género: Otro

LETRA

Yo te saludo hermano, desde algún escenario que tu andariega planta habrá pisado ya. Un sincero recuerdo, en un sincero abrazo, unos minutos antes de salir a cantar. Yo te debo bastante y sé bien qué te debo; quisiera devolverte siquiera la mitad. Somos tan diferentes y, sin embargo, puedo decir que somos trigo, que amasa el mismo pan. Como el hombre salimos al negro y al silencio de una sala repleta que nos viene a besar; territorio plagado de intrigas y misterios que, como los que sufren, debemos conquistar. Y Brel que se nos sube al estribo del alma, ese Brel que nos llama, ese Brel que es verdad; qué ganas tengo, hermano, de ponerme su rabia, de subirme a su barco y con él navegar. Pero hay rosas que nunca terminan de cortarse y aunque mucho lo intentes, no las puedes lograr; porque tienen espinas y temes lastimarte y entonces "son más bellas prendidas al rosal". Tú bien sabes, amigo, que no soy un conforme, pero es largo el camino y acabo de empezar. Estoy regando el árbol y he de esperar que brote para que pueda una día su sombra derramar. Y bien, querido Antonio, llegamos a la coda y aún quedan más compases que quisieran sonar, pero somos de tiempo y él impone su norma y ha llegado la hora de salir a cantar.

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