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Hombre

Silvio Rodríguez

✍️ Autor: Silvio Rodráguez

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📤 Subido por: Cancionero Histórico

Letra

De quererte cantar sufro disnea bastante más allá de los pulmones. Tu sombra brilla hoy en la pelea mayor de la conciencia y las razones. Por ti canto de pecho, como el sueño en que giro y leve, como aún respiro. Por ti adelanto trecho a lo que falta en tono y canto lo que no perdono. Hombre, hombre y amigo, aún queda para estar contigo. Hombre, hombre sin templo desciende a mi ciudad tu ejemplo. Supiste cabalgar contra quien odia desde su torre de odio y exterminio, pero, en mi parecer, te dio más gloria el alma que tallaste a tu dominio. La medicina escasa, la más insuficiente es la de remediar la mente. Y la locura pasa risueña cuando engaña, cual odio de la propia entraña. Hombre sin apellido, un poco de piedad te pido: hombre, ay, todavía, que un tanto más allá está el día. De la melena inculta a la calvicie, del número inicial a lo incontable, desde la tumba hasta la superficie, tras breve veinte tan multiplicable me llega un canto alado de fiebres de la infancia, me brota la invención del ansia y entero y mutilado, furiosamente a besos, te doy mi corazón travieso: Hombre, hombre sin muerte, la noche respiró tu suerte, hombre de buen destino, y hay luces puestas en camino.

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Hombre

Silvio Rodríguez

Tonalidad: No especificada | Ritmo: No especificado | Género: Otro

LETRA

De quererte cantar sufro disnea bastante más allá de los pulmones. Tu sombra brilla hoy en la pelea mayor de la conciencia y las razones. Por ti canto de pecho, como el sueño en que giro y leve, como aún respiro. Por ti adelanto trecho a lo que falta en tono y canto lo que no perdono. Hombre, hombre y amigo, aún queda para estar contigo. Hombre, hombre sin templo desciende a mi ciudad tu ejemplo. Supiste cabalgar contra quien odia desde su torre de odio y exterminio, pero, en mi parecer, te dio más gloria el alma que tallaste a tu dominio. La medicina escasa, la más insuficiente es la de remediar la mente. Y la locura pasa risueña cuando engaña, cual odio de la propia entraña. Hombre sin apellido, un poco de piedad te pido: hombre, ay, todavía, que un tanto más allá está el día. De la melena inculta a la calvicie, del número inicial a lo incontable, desde la tumba hasta la superficie, tras breve veinte tan multiplicable me llega un canto alado de fiebres de la infancia, me brota la invención del ansia y entero y mutilado, furiosamente a besos, te doy mi corazón travieso: Hombre, hombre sin muerte, la noche respiró tu suerte, hombre de buen destino, y hay luces puestas en camino.

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